SUZUKI Swift 1.3 GTI

 

Corría el año 1991, con mi hermano Hassan habíamos juntado unos buenos dolores fruto de un negocio, y como teníamos 18 y 19 años, decidimos darnos un gusto.
Fue una decisión medio difícil, ya que habíamos crecido con la lucha entre la Sierra XR4 y la Fuego, en innumerables carreras del recordado TC 2000.
Como hinchas del óvalo, sabíamos que si algún día teníamos el dinero, la compra estaba asegurada.
Justo por esos días, Ford, había sacado, la que sería la última versión en la Argentina de su famosa coupe, la 75 aniversario, todas en color blanco.
Pero un día, paseando por la emblemática avenida del Libertador, vimos en una agencia, un chiquito Suzuki, que nos rompió todos los moldes de diseño y tecnología.
Recordemos, que por esos tiempos, ningún auto argentino, ni se le acercaba tener inyección.
Entramos a la agencia y consultamos un poco.
Tenia todo, inyección multipunto, doble árbol de levas, 16 válvulas!, si 16!!! todo en un compacto motor de 1300 centímetros cúbicos, el cual fruto de esa combinación tecnológica, erogaba 101 cv.
Encima, solo pesaba 820 kilos, una verdadera moto japonesa con techo.
Pero eso no era todo, encima le sobraba diseño y tecnología por donde se lo mire.
El valor? 25120 dolores, mucho para esa época, y más para un par de mocosos adolescentes, pero lo mismo que la Fuego y la Sierra.
Costó un poco tomar la decisión, pero enseguida nos dimos cuenta que el Suzuki Swift GTI era la mejor opción.
Compramos felices el japonés, y como los dos lo queríamos manejar, tiramos la moneda con mi hermano, para ver quién lo sacaba de la agencia, lo cual fue beneficiado con la suerte y se dio el gusto él.
A partir de ahí, nos pasaron un montón de cosas, muy lindas en su mayoría, y también vivimos algunos momentos dolorosos que nos unieron para siempre…
Por eso lo re queremos! Porque nos acompañó en muchas cosas, y encima se hizo un lugar en la familia, hasta le pusimos un apodo!! ¨ el Negrito¨.
El impacto en la gente fue una de las cosas que más nos asombró, muchas veces, parabas en un semáforo y la gente bajaba el vidrio, te decía cosas hermosas, aplaudía, se agarraba la cabeza del asombro, todas demostraciones de encanto a la belleza de su diseño.
Nos dimos cuenta que habíamos comprado bien, un poco por todo lo contado y otro poco porque nos encantaba acelerarlo y acelerarlo, siempre a fondo. Encima, con el correr de los años, el auto no se rompía, una maravilla mecánica.
Yo había corrido desde chiquito en Karting, actividad que en la época de compra del auto, había tenido que dejar, por motivos varios, pero siempre con ganas de meterme de vuelta en el automovilismo.
Por el año 94, apareció una categoría de autos standard, en la que solo tenías que armar el auto con las medidas de seguridad FIA, y para mejor, al ser carreras de 1 hora, se podía correr con dos pilotos.
No dudamos e hicimos todo como para sumarnos al parque, de la que después se denominaría “Turismo Internacional”
Corrimos 3 carreras, con 3 pole positions y las 3 ganadas. Era un robo, el Swift hacía todo bien, aceleraba, doblaba y frenaba como si fuera un Turismo hecho para la competición.
Eso me relanzó al automovilismo, para con perseverancia y dedicación, lograr todo lo que hice en el deporte. Como reflexión a esto, les juro que estoy contento de haberme dado el gusto en algo que me despertó pura pasión durante tantos años.
Como verán, este auto es parte de mi historia. Parte de mi vida, así que no se molesten...no lo vendo!!
Fue durante muchos años, el auto de todos los días, que nos llevaba y traía a todos lados…
Un día, me di cuenta, que me lo iba a quedar para siempre. Fue hace 10 años que decidí reponerle algunas cosas que fueron gastándose. Lo empecé a restaurar.
Les puedo asegurar, que le anda todo, pero especialmente lo que mas me moviliza, es ese sentimiento único de tener aún esa maravilla tecnológica que me dio tantas emociones en los últimos 28 años y que sigue despertando miradas y recuerdos de esa década inolvidable, los 90.

 

 

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